miércoles, 5 de febrero de 2014

Francisco de Goya



Biografia : Nadie fue más sordo que Goya al siglo XIX, pese a haber cumplido en él casi tres décadas y haber sobrevivido a sus feroces guerras. Se quedó sordo de verdad cuando amanecía la centuria, pero no ciego.
Francisco de Goya nació en el año 1746, en Fuendetodos, localidad de la provincia española de Zaragoza, hijo de un dorador de origen vasco, José, y de una labriega hidalga llamada Gracia Lucientes. Avecinada la familia en la capital zaragozana, entró el joven Francisco a aprender el oficio de pintor en el taller del rutinario José Luzán, donde estuvo cuatro años copiando estampas hasta que se decidió a establecerse por su cuenta y, según escribió más tarde él mismo, "pintar de mi invención".

                                                       ETAPAS
                  

  Primera etapa:  La primera de ellas abarca desde 1771 hasta 1807, es la época de juventud y madurez, la  de los triunfos profesionales, en la que predomina la visión optimista de la vida. Se inicia    aquí como pintor de la Academia y Real, pintando a los miembros de la Corte y a los  miembros más selectos de la nobleza española (retratos de “Carlos III”, del “Conde de  Floridablanca”, de los “Duques de Osuna”, etc.), convirtiéndose en el retratista de moda de  la sociedad madrileña. También pinta los cartones para la Real Fábrica de Tapices, tocando  temas alegres, reflejo de la sociedad alegre y despreocupada de finales del siglo XVIII, captada a través de una paleta de colores amplia, viva. Es el momento del perfecto acabado de las superficies, del dibujo de trazo continuo. En el año 1792 enfermó gravemente y aunque superó la enfermedad, ésta le dejó como secuela una grave sordera que provocó que poco a poco se fuese aislando, metiendo en su mundo interno, dejando salir un nuevo Goya, escéptico, sarcástico, atormentado, cuyo carácter se va a ir agriando paulatinamente. Comienza a realizar la serie de grabados de “Los Caprichos” y sus retratos alcanzan la madurez (“Condesa de Chinchón”, “Duquesa de Alba”, “Familia de Carlos IV”, etc.) y comienza a experimentar con la gama de los grises.       Segunda etapa:   La segunda etapa abarca los años 1808-24 aproximadamente. Son los años marcados por  la sordera y la guerra, que provocan la desaparición del pintor jovial y vitalista y la “llegada”  del nuevo Goya con su fantasía alucinante, es, en suma, la época del sufrimiento. La  llegada al trono de España de José I y la Guerra de la Independencia, provocan la ruptura  de su ya inestable equilibrio personal. Goya era un liberal, un admirador de la Revolución  Francesa y sus conquistas sociales, que ahora observa como su admirada Francia, se  impone a sus compatriotas por la brutalidad de las armas. Es el momento en que recorre los  escenarios de las batallas y realiza los dibujos que le van a servir para realizar la serie de grabados “Los Desastres de la guerra”. También toma los apuntes sobre los dos cuadros que seis años más tarde realiza con el tema de la guerra, “La carga de los mamelucos” y  “Los Fusilamientos de la Moncloa”, obras de gran carga política en las que vemos como la  paleta se oscurece y la pincelada se hace densa, rápida, expresionista. A la vuelta de  Fernando VII en 1814 se produce la restauración del Antiguo Régimen y el pintor, olvidado  por la sociedad y el monarca, alquila una casa, la “Quinta del sordo”, lugar en el que en sus  paredes realiza las “Pinturas Negras”, de temática dramática y sombría, fruto de su  pesimismo, con una paleta oscura, en la que predomina el negro y con una pincelada  densa, casi matérica, llegando a usar la espátula para aplicar la pasta, en la que el dibujo  se ha roto, ya que es una pintura de manchas. 
Pintura negra y los desastres de la guerra:

Goya y la violencia

La violencia en sus diferentes formas, como manifestación de la sinrazón, es uno de los aspectos más notables en la obra de Goya. Fueron precisamente los sucesos acontecidos durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) los que dieron lugar a que Goya efectuara una reflexión enormemente crítica e innovadora sobre la guerra, sobre sus causas, brutales manifestaciones y consecuencias. No solo la impresionante serie de los Desastres, sino también las pinturas que sobre este tema realizó poco después en las que con su personal mirada conmemoró los sucesos del 2 y 3 de mayo en Madrid, presentan una visión radicalmente distinta a la del resto de sus contemporáneos, realizadas éstas con claros fines propagandísticos de exaltación patriótica.
  
 

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