Biografia : Nadie fue más sordo que Goya al siglo XIX, pese a haber cumplido en él
casi tres décadas y haber sobrevivido a sus feroces guerras. Se quedó
sordo de verdad cuando amanecía la centuria, pero no ciego.
Francisco de Goya nació en el año 1746, en Fuendetodos, localidad de la
provincia española de Zaragoza, hijo de un dorador de origen vasco,
José, y de una labriega hidalga llamada Gracia Lucientes. Avecinada la
familia en la capital zaragozana, entró el joven Francisco a aprender el
oficio de pintor en el taller del rutinario José Luzán, donde estuvo
cuatro años copiando estampas hasta que se decidió a establecerse por su
cuenta y, según escribió más tarde él mismo, "pintar de mi invención".
ETAPAS
Primera etapa: La
primera de ellas abarca desde 1771 hasta 1807, es la época de juventud y
madurez, la de los triunfos profesionales, en la que predomina la
visión optimista de la vida. Se inicia aquí como pintor de la Academia y
Real, pintando a los miembros de la Corte y a los miembros más selectos
de la nobleza española (retratos de “Carlos III”, del “Conde de
Floridablanca”, de los “Duques de Osuna”, etc.), convirtiéndose en el
retratista de moda de la sociedad madrileña. También pinta los cartones
para la Real Fábrica de Tapices, tocando temas alegres, reflejo de la
sociedad alegre y despreocupada de finales del siglo XVIII, captada a
través de una paleta de colores amplia, viva.
Es el momento del perfecto acabado de las superficies, del dibujo de
trazo continuo. En el año 1792 enfermó gravemente y aunque superó la
enfermedad, ésta le dejó como secuela una grave sordera que provocó que
poco a poco se fuese aislando, metiendo en su mundo interno, dejando
salir un nuevo Goya, escéptico, sarcástico, atormentado, cuyo carácter
se va a ir agriando paulatinamente. Comienza a realizar la serie de
grabados de “Los Caprichos” y sus retratos alcanzan la madurez (“Condesa
de Chinchón”, “Duquesa de Alba”, “Familia de Carlos IV”, etc.) y
comienza a experimentar con la gama de los grises. 
Segunda etapa: La
segunda etapa abarca los años 1808-24 aproximadamente. Son los años
marcados por la sordera y la guerra, que provocan la desaparición del
pintor jovial y vitalista y la “llegada” del nuevo Goya con su fantasía
alucinante, es, en suma, la época del sufrimiento. La llegada al trono
de España de José I y la Guerra de la Independencia,
provocan la ruptura de su ya inestable equilibrio personal. Goya era un
liberal, un admirador de la Revolución Francesa y sus conquistas
sociales, que ahora observa como su admirada Francia, se impone a sus
compatriotas por la brutalidad de las armas. Es el momento en que
recorre los escenarios de las batallas y realiza los dibujos que le van a
servir para realizar la serie de grabados “Los Desastres de la guerra”.
También toma los apuntes sobre los dos cuadros que seis años más tarde
realiza con el tema de la guerra, “La carga de los mamelucos” y “Los
Fusilamientos de la Moncloa”, obras de gran carga política en las que
vemos como la paleta se oscurece y la pincelada se hace densa, rápida,
expresionista. A la vuelta de Fernando VII en 1814 se produce la
restauración del Antiguo Régimen y el pintor, olvidado por la sociedad y
el monarca, alquila una casa, la “Quinta del sordo”, lugar en el que en
sus paredes realiza las “Pinturas Negras”, de temática dramática y
sombría, fruto de su pesimismo, con una paleta oscura, en la que
predomina el negro y con una pincelada densa, casi matérica, llegando a
usar la espátula para aplicar la pasta, en la que el dibujo se ha roto,
ya que es una pintura de manchas.


Pintura negra y los desastres de la guerra:
Goya y la violencia
La violencia en sus diferentes formas, como manifestación de la
sinrazón, es uno de los aspectos más notables en la obra de Goya. Fueron
precisamente los sucesos acontecidos durante la Guerra de la
Independencia (1808-1814) los que dieron lugar a que Goya efectuara una
reflexión enormemente crítica e innovadora sobre la guerra, sobre sus
causas, brutales manifestaciones y consecuencias. No solo la
impresionante serie de los
Desastres, sino también las pinturas
que sobre este tema realizó poco después en las que con su personal
mirada conmemoró los sucesos del 2 y 3 de mayo en Madrid, presentan una
visión radicalmente distinta a la del resto de sus contemporáneos,
realizadas éstas con claros fines propagandísticos de exaltación
patriótica.
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