martes, 29 de abril de 2014

España XIX

- Antonio Cánovas del castillo : circunstancias de su asesinato

En 1896, un grupo anarquista atentó en Barcelona con una bomba contra la procesión del Corpus Christi, dejando doce cadáveres. Sus miembros fueron detenidos y condenados a diversas penas, cinco de ellas de muerte, que se ejecutaron en mayo de 1897. El 8 de agosto, Antonio Cánovas del Castillo, presidente del Consejo de Ministros, fue a tomar las aguas al balneario de Santa Águeda, en Mondragón, Guipúzcoa, donde le esperaba, registrado con su nombre y como corresponsal de Il Popolo de Italia, el anarquista Michele Angiolillo, que le disparó tres tiros.
Antonio Cánovas del Castillo

- frases de cánovas sobre el sufragio universal en wikiquote
  • «Con la Patria se está, con razón y sin ella...».
    • Discurso parlamentario en ¿1882?
  • "En política lo que no es posible es falso."
  • "La mala fe política es acaso más delictuosa que aquella que castigan los códigos en los negocios privados."
  • "No hay más alianzas que las que trazan los intereses ni nunca las habrá."
    • Fuente: diario El Mundo del 25 de enero de 2000.
  • "Nunca me enfado por lo que la gente me pide sino por lo que me niega."
  • "Para acabar con la insurrección en Cuba sólo hacen falta tres balas, una para Martí, otra para Maceo y otra para Gómez."
  • "Soy enemigo del sufragio universal; pero su manejo práctico no me asusta".
  • "Son españoles los que no pueden ser otra cosa."
    • Nota: en 1876, ante la dificultad de definir la nacionalidad española en un proyecto de constitución.
    • Fuente: según El porqué de los dichos de Iribarren fue una frase privada de Cánovas a Manuel Alonso Martínez, quien se lo contó a Luis Díaz Cobeña, y éste a Agustín González de Amezúa, quien la incluyó en su libro Un modelo de estadistas: el marqués de la Ensenada. Enseñanzas y comentarios, de 1917.

-Asesinato del general Prim

Su asesinato ocurrió en un momento muy importante, habían transcurrido dos años desde que fuera derribada Isabel II. La intención del parlamento era mantener una monarquía democrática, pero fue deseo de Prim que nunca un Borbón volviera a ser el jefe del estado. Esta opinión quedó manifestada en su famoso discurso de los tres jamases:
« No debe aplicarse la palabra jamás, pero es tal la convicción que tengo de que la dinastía borbónica se ha hecho imposible para España, que no vacilo en decir que no volverá jamás, jamás, jamás. »
General Juan Prim Una vez tomada la decisión, se pusieron a buscar Rey, lo que llegó a desencadenar incluso una guerra entre Prusia y Francia. Al final el parlamento decidió democráticamente y sería un príncipe italiano. El nuevo monarca embarco, el 27 de diciembre en la Numancia rumbo a Cartagena, pero esa misma tarde el general Prim sufriría el atentado de la calle el Turco en Madrid y Amadeo de Saboya nunca llegaría a ver a su gran valedor como rey de España, quedando éste en una difícil situación.



 - Mapa de la red de ferrocarriles en 1855



                                                                                                                







martes, 15 de abril de 2014

España siglo XIX

1. ¿Que es la lei salica?¿Quien la aprobó?

La Ley Sálica (del latín Clodoveo I de los francos. Debe su nombre a la tribu de los francos salios. Fue la base de la legislación de los reyes francos hasta que en el siglo XII el reino de los francos desapareció, y con él sus leyes.
Este código regía las cuestiones de herencia, crímenes, lesiones, robo, etc., y fue un importante elemento aglutinador en un reino como el franco, compuesto por varios grupos y etnias.
Una parte muy concreta de este código sobrevivió, aparentemente, a los reyes francos, y pervivió en la historia europea durante varios siglos: se trata de aquella que prohibía que una mujer heredara el trono de Francia, e incluso que pudiese transmitir sus derechos al trono a sus descendientes varones.

2 ¿Que es la pragmatica sanción?¿Quien la sanciono?¿Por que?

La Pragmática Sanción de 1776, titulada "Pragmática Sanción para evitar el abuso de contraer matrimonios desiguales", fue sancionada por Carlos III el 23 de marzo de 1776 para España. En las posesiones americanas de ultramar su aplicación comenzó luego de la emisión, en El Pardo, el 7 de abril de 1778, de una real cédula «declarando la forma en que se ha de guardar y cumplir en las Indias la Pragmática Sanción de 23 de marzo de 1776 sobre contraer matrimonios».

3 ¿por que se produce la primera  guerra carlista? 

 La Primera Guerra Carlista fue una guerra civil que se desarrolló en España entre 1833 y 1840 entre los carlistas, partidarios del infante Carlos María Isidro de Borbón y de un régimen absolutista, y los isabelinos, defensores de Isabel II y de la regente María Cristina de Borbón, cuyo gobierno fue originalmente absolutista moderado y acabó convirtiéndose en liberal para obtener el apoyo popular.

4 ¿Que fue la desamortizacion de mendizabel?

La desamortización española fue un largo proceso histórico, económico y social iniciado a finales del siglo XVIII con la denominada «Desamortización de Godoy» (1798) —aunque hubo un antecedente en el reinado de Carlos III de España— y cerrado bien entrado el siglo XX (16 de diciembre de 1924). Consistió en poner en el mercado, previa expropiación forzosa y mediante una subasta pública, las tierras y bienes que hasta entonces no se podían enajenar (vender, hipotecar o ceder) y que se encontraban en poder de las llamadas «manos muertas», es decir, la Iglesia Católica y las órdenes religiosas —que los habían acumulado como habituales beneficiarias de donaciones, testamentos y abintestatos— y los llamados baldíos y las tierras comunales de los municipios, que servían de complemento para la precaria economía de los campesinos. Dicho con las palabras de Francisco Tomás y Valiente, la desamortización española presentó "las características siguientes: apropiación por parte del Estado y por decisión unilateral suya de bienes inmuebles pertenecientes a «manos muertas»; venta de los mismos y asignación del importe obtenido con las ventas a la amortización de los títulos de la deuda".

5 Causas  del hundimiento del maine

martes, 8 de abril de 2014

La guerra del opio (1841)

¿ Que es el opio?

El opio es una mezcla compleja de sustancias que se extrae de las cápsulas verdes de la adormidera (Papaver somniferum), que contiene la droga narcótica y analgésica llamada morfina y otros alc¡'aloides.

¿Que es el té ?

 El es una infusión de las hojas y brotes de la planta del té (Camellia sinensis.La popularidad de esta bebida es solamente sobrepasada por el agua.Su sabor es fresco, ligeramente amargo y astringente; este gusto es agradable para mucha gente.

¿Por que se produce la guerra del opio?

El mercadeo de opio por parte del Reino Unido, Francia y Estados Unidos a China generó un conflicto de grandes proporciones. Los chinos consideraban que Occidente no tenía nada de valor con lo que comerciar, pero los comerciantes británicos y estadounidenses, fuertemente respaldados por la Corona británica, vieron en el opio la posibilidad de tener intercambio.
El opio y sus derivados (morfina, heroína, etc.) constituyen las drogas más adictivas. Por ejemplo, un trabajador medio chino adicto al opio gastaba dos terceras partes de su sueldo en esta droga, dejando a su familia en la miseria[cita requerida]. Para 1839 el opio ya estaba al alcance de los obreros y campesinos.
Se generó con esto una epidemia de adictos en China, por lo que el propio emperador debió tomar cartas en el asunto, nombrando a Lin Hse Tsu para que frenara el tráfico de opio. Cuando Hong Kong fue devuelta a China en 1997, lo primero que hicieron fue poner una estatua de Lin, considerado como un héroe nacional entre los chinos.[cita requerida]
Lin Hse Tsu mandó una carta a la Reina Victoria I del Reino Unido pidiéndole que no traficara más con opio (1). Sin embargo, la reina Victoria no accedió a las peticiones chinas, estallando poco después la Primera Guerra del Opio, que generó un estímulo para que más mercaderes fueran a China desde Estados Unidos y el Reino Unido. Muchas de las grandes fortunas de Estados Unidos fueron basadas en este narcotráfico, que era encubierto, pues decían que se comerciaba con té o tabaco. Se le llamaba China Trade o Far East Trade.
A causa de la alta demanda de productos y la baja demanda de mercancías , Gran Bretaña tenía un gran déficit comercial con China y debía pagar estos artículos con dinero. Gran Bretaña comenzó a exportar ilegalmente opio a China desde la India Británica en el siglo XVIII para contrarrestar su déficit. El comercio del opio creció rápidamente, y el flujo de plata comenzó a reducirse. En 1892, el Emperador Daoguang prohibió la venta y el consumo de opio a causa del gran número de adictos. 2) El emperador censuró el opio en China debido al efecto negativo de éste en la población. Los británicos en cambio, veían al opio como el mercado ideal que los ayudaría a compensar el gran comercio con China. Estas guerras y los subsiguientes tratados firmados entre las potencias dieron como resultado que varios puertos de China se abrieran al comercio con Occidente, lo que condujo en parte a la caída de la economía china. Estas guerras se consideran la primera guerra de opio.

¿Entre que paises?

Gran Bretaña y China

Consecuencias de la guerra del opio

Las tropas chinas no pudieron hacer frente a los británicos, se rindieron ante ellos, y China tuvo que aceptar la rendición con la firma del Tratado de Nankín. El tratado se firmó el año de 1842 y estipulaba el fin de la Primera guerra del Opio. Con él, China cedía la isla de Hong Kong al Reino Unido y aceptaba la apertura de sus puertos al comercio internacional. El 1 de julio de 1997 Hong Kong fue devuelto a China (155 años después de la firma del tratado).

martes, 1 de abril de 2014

posesiones africanas en el siglo XIX

                                                              MAPA

la aventura del DR. Livingstone en África

Médico, misionero, naturalista, explorador, escritor, fundador de nuevas rutas comerciales, infatigable militante contra la esclavitud… David Livingstone no sabía estarse quieto y salió vivo —en ocasiones milagrosamente— de toda clase de experiencias, aunque apenas una de ellas ha llegado a ser universalmente conocida. Veamos todo lo que hizo este intrépido escocés en los 58 años previos a ser saludado por Stanley como si tropezaran en el pasillo de un club londinense, aunque se encontrasen ambos en un entorno ligeramente distinto.
Nació en 1813 en una familia humilde de la localidad de Blantyre y tuvo que trabajar desde niño en una fábrica de algodón. A pesar de un jornada laboral de 14 horas diarias, acudía a continuación a la escuela de ocho a diez de la noche y tuvo tiempo para desarrollar una gran curiosidad científica que llegaría a provocar el recelo de su padre, hombre de profundas convicciones religiosas que prefería que se centrase únicamente en lecturas de teología. Pero David se esforzó en compatibilizar ambos intereses y estudió medicina para poder convertirse en misionero. Su objetivo inicial era ir a China, pero la guerra del Opio y la amistad que hizo en Londres con un misionero que había estado en el sur de África le convencieron de que era allí donde se encontraba su destino. Partió en 1840 hacia el continente en el que pasaría casi todo el resto de su vida y donde se casó con Mary en 1845, una mujer tan intrépida como él que le acompañó en diversas expediciones.
La carrera entre las potencias europeas por hacerse con nuevos territorios en África y abrir rutas comerciales estaba en pleno apogeo. Para los exploradores que llegaban movidos por la sed de aventuras, la gloria y el afán misionero, los traficantes de esclavos eran aliados, a veces rivales y a ojos de Livingstone los peores enemigos, aunque a veces las circunstancias le llevaran a cooperar y depender de ellos. Algunos eran bóers (originarios del norte de Europa), otros portugueses, pero principalmente fueron árabes. Estos últimos acostumbraban a recorren en caravanas buena parte del centro de África para capturar a indígenas, por lo que sus rutas y su apoyo en el abastecimiento fueron en ocasiones de gran utilidad a los europeos, entre ellos por ejemplo el singular Richard Burton en su viaje en busca de las fuentes del Nilo, planteada desde la isla de Zanzibar, un inmenso mercado de esclavos sobre el que Burton se recreaba en contar cómo las mujeres árabes mostraban especial querencia por los negros por «motivos excesivamente fisiológicos para el lector común», decía.
Pero fueron los bóers, en el sur de África, los que más hostilidades despertaron en Livingstone desde su llegada. Su dedicación a la labor de misionero fue siempre total e incuestionable y esto, aunque juzgado desde nuestro tiempo como hecho aislado inicialmente nos haga arquear la ceja, visto en su contexto tuvo consecuencias positivas. De la misma manera que los misioneros españoles en América en relación a los indios, la convicción de Livinstone en que los negros tenían un alma que debía ser rescatada de las tinieblas del paganismo le llevaba a oponerse frontalmente a aquellos que los veían como animales. Para él simplemente eran seres humanos a los que había que enseñar a leer, a ser buenos cristianos y a comerciar, en lugar de cazarlos y explotarlos hasta la extenuación como hacían los bóers:
El comandante en jefe del país, Mr. Hendrick Potgeiter, me dijo: «haced que los negros aprendan que no son iguales a nosotros». Otros bóers me decían: «Tanto valdría que os dedicaseis a enseñar a los monos que habitan en las rocas, como a los africanos»; pero ninguno quería aceptar la proposición que les hacía de someterse a un examen para ver quién sabía leer mejor, si ellos o mis discípulos indígenas.
Por su parte, los líderes tribales que lograba convertir no parecían mostrar demasiado aprecio por la libertad de conciencia de sus gobernados. El caudillo Sequele, por ejemplo, adquirió tan repentina devoción cristiana que quería convertir a base de latigazos a todos sus súbditos, método que rechazó nuestro misionero, más inclinado a usar la persuasión que la fuerza. Aunque a menudo no se lo ponían fácil. Los bakalahari de Motlatsa estallaban en carcajadas al ver rezar a los misioneros, les parecía irresistiblemente gracioso que se pusieran de rodillas a hablar en voz baja con un ser invisible. Los bechuana, por su parte, los observaban con interés, pero sin más motivo que el de ponerse luego a rajar de ellos sacándoles toda clase de defectos:
Observan con la mayor atención a los misioneros mientras trabajan y, cuando la obra está concluida, dan su parecer con gran énfasis, y a esto se limita su ambición. Los bechuana se parecen en esto a nosotros, que hablamos de ciertas materias, de obras literarias por ejemplo, y queremos tener la gloria de encontrar una falta en un libro entero, sin el talento suficiente para componer una sola de sus páginas. En vano me esforcé por convencerles de que la crítica no implica superioridad sobre el que trabaja, ni siquiera nos iguala a él.
Qué reconocible me resulta este comportamiento… parece que dentro de cada bechuana había un español deseando salir. Pero en su itinerario de misionero afrontó en ocasiones temibles peligros. Los habitantes del valle de Mabotsa se veían acosados por leones, que atacaban a su ganado e incluso a ellos mismos, así que Livingstone se ofreció a participar en una cacería para congraciarse con ellos. Durante la batida lograron encontrar algunos pero no tuvieron suficiente puntería. Al volver a la aldea David divisó a un león sobre una roca y le disparó las dos cargas de su escopeta. Creyó haberlo abatido, pero mientras recargaba el arma para asegurarse la fiera se abalanzó sobre él. Sus mandíbulas le apresaron el brazo rompiéndole el hueso mientras lo zarandeaba «como un gato hace con un ratón». Un compañero de la cacería se acercó para disparar, con tan mala suerte que al ser una escopeta de chispa ninguno de los dos disparos detonó, sin embargo su cercanía hizo que el león se fijara en él y se lanzara a morderle la pierna. Finalmente, tras ser azuzado entre varios acabó cayendo muerto. Livingstone sufrió graves heridas en su brazo pero, aseguraba, «vestía yo un traje de tela escocesa, y esta indudablemente absorbió todo el virus que contienen los dientes del león». En cualquier caso, la movilidad de dicha extremidad se vio reducida para el resto de su vida.
No fue el único ataque de una fiera salvaje que sufrió. Navegando el río Chobe, en lo que hoy es Botswana, un hipopótamo intentó atacar su embarcación. Según le advirtieron los lugareños, en caso de lograr volcarla debía ir al fondo del río, dado que los hipopótamos esperan ver flotando en la superficie a sus víctimas para rematarlas. Nunca está de más saberlo. En otra ocasión, caminando por la orilla de Zouga un cocodrilo intentó atacarlo aunque él corrió más rápido. Pero quizá el animal que más cerca estuvo de matarlo fue uno mucho más pequeño. En la mencionada aldea de Mabotsa, al entrar dentro de su casa pisó una serpiente —y son todas las de allí extraordinariamente venenosas, explica— y «al sentir parte de la pierna rodeada por la fría y escamosa piel del reptil, instintivamente di un salto de una elevación a la que jamás había llegado yo nunca, ni espero volver a llegar».
Pero en la vida de un misionero y explorador de África en el siglo XIX, a menudo el mayor peligro no provenía de los animales sino de algunas de las tribus con las que iba contactando, a medida que se adentraba en el interior del continente en las diversas expediciones que realizó. Las negociaciones del precio que cada poblado exigía para permitir el paso de su caravana de guías, porteadores y animales de carga podían llegar a ser en ocasiones bastante tensas. En cierta ocasión, el jefe de la localidad chiboque de Ñambi les pidió un esclavo, un buey, un arma de fuego, pólvora y tela o una concha. Un precio inasumible, especialmente en lo que se refería al esclavo. Ante la negativa, el jefe reunió a sus tropas y rodeó a la caravana, dispuesto a robarles todas sus pertenencias y mostrar a todos quién mandaba allí. La unión de su codicia y su afán de desagravio auguraban el derramamiento de mucha sangre… pero no contaba con el temple de Livingstone en las situaciones de tensión, más propio de un personaje de Tarantino. Los chiboques rodearon a los expedicionarios, quienes a su vez apuntaban sus cincos armas de fuego y sus lanzas contra ellos… y en ese momento Livingstone se sentó con tranquilidad, sosteniendo su escopeta entre las piernas, e invitó al jefe Ñambi y sus consejeros a hacer lo mismo. Él aceptó, tomó sitio y al ser preguntado entonces por el motivo que le traía por allí no tuvo mejor ocurrencia que decir que un miembro de la expedición al escupir al suelo había salpicado la pierna de un hombre de Ñambi. Para resarcir esa ofensa debían por tanto entregarles lo que habían pedido inicialmente: un esclavo, un buey, un arma de fuego, pólvora y tela. Pero nuestro doctor se negaba por principios a entregar un hombre como esclavo y también se daba cuenta de que darles un arma de fuego sería suicida, así que decidió darle al jefe una de sus camisas. Los gritos enfurecidos y la manera de esgrimir sus armas de los chiboque indicaban que resultaba un obsequio claramente insuficiente, así que añadió una sarta de cuentas. Eso no los calmó, por lo que añadió también un pañuelo. Pero tampoco parecía bastar. Sin embargo, el paso que había dado el jefe de sentarse junto a Livingstone lo había dejado en una situación vulnerable y ambos estaban tomando conciencia de ello:
Yo sabía que los chiboque dispararían primero al hombre blanco; pero intenté no aparentar preocupación y, teniendo cuatro tiros preparados para el caso de que empezase la acción, contemplé con calma la escena. El aspecto de los chiboque, que no es nada hermoso, lo parece aún menos por la práctica que han adoptado de limarse los dientes, rematándolos en punta. El jefe y los consejeros, viendo que corrían más peligro que yo, no se decidieron a dar el primer golpe, y quizá influyó en ellos la serenidad de algunos de los nuestros ante la perspectiva del combate.
Ante la actitud inflexible de Livinstone, con todos apuntándose mutuamente en tensión, finalmente el jefe Ñambi comenzó a recular. Replanteó la situación explicando que ya no se trataba tanto de recibir una compensación por el salivazo sino de que, siendo la caravana unos visitantes y ellos sus anfitriones, qué menos que realizar un intercambio de regalos y quedar como amigos, ¿no? Bastaría un buey y ellos a cambio les darían alguna otra cosa. Livingstone aceptó, les entregó un buey y ellos marcharon. Por la tarde el regalo de vuelta de los chiboque fue una cesta con un poco de harina y un par de kilos de carne del propio buey. Algo es algo. Y de esa forma consiguieron continuar su camino sin tener que entregar a un hombre como esclavo. No fue la única escaramuza. En el valle de Cassange una disputa por un trozo de carne entre un miembro de la expedición y un lugareño, acabó con Livingstone apuntando con su revólver al jefe de la tribu, para a continuación marchar todos apresuradamente aprovechando el espesor de la selva para protegerse.
Dado que en algunos lugares los únicos visitantes que habían pasado por allí previamente eran comerciantes de esclavos en busca de nuevas víctimas, era comprensible que despertaran recelos. Sin embargo, Livingstone sabía servirse de su condición de médico para curar a enfermos en los lugares que visitaba y así ganarse su apoyo y contaba, además, con una notable habilidad para el trato social. A menudo cada tribu estaba enemistada con la vecina, tenía costumbres características que más valía conocer de antemano o aprender sobre la marcha y los jefes tenían como de costumbre en los jefes un orgullo desmedido que había que saber manejar.
Había jefes que se pasaban el día imitando los andares de un león creyendo que eso los hacía majestuosos y temibles. Otros se acercaban a él montados a hombros de sus intérpretes, para mostrar así su señorío. A algunos, para impresionarlos, Livingstone les enseñaba su reloj o su brújula, pero no faltaba el que le respondía que «aquellas maravillas le daban miedo». Pero los más temibles seguramente fuesen los que vivían cerca de las cataratas Victoria —a las que él bautizó al ser el primer europeo en verlas, que competían con los de tribus vecinas en ver quién ponía más cráneos humanos en estacas alrededor de su poblado.
Para hacerse entender recurría en ocasiones a señas o a intérpretes locales que contrataba, cuyo servicio iba perdiendo utilidad a medida que se alejaban de su origen y los dialectos se diferenciaban hasta ser otra lengua. Según supo después, uno que le servía de heraldo gritaba al llegar a un poblado «aquí llega el gran león», pero lo que realmente le entendían era «aquí llega la gran cerda». Efectivamente se referían a menudo a Livingstone como «león» debido a su pelo rubio y liso, que les llamaba muchísimo la atención y creían que en realidad se trataba de una peluca hecha con la melena de dicho animal. Otros en cambio lo tomaban como una muestra de que venía del mar. Pero no de allende los mares como les intentaban explicar, sino del fondo del mar, que era de donde creían que provenían los hombres blancos.
En otros lugares veía que los de alta posición social tenían muchos adornos de metal en los pies que les impedían caminar con soltura, de manera que los de posición social inferior imitaban esa manera torpe de andar aunque no tuvieran nada en las piernas. Entre los balonda, por ejemplo, los de clase social inferior saludaban a los de clase alta cayendo de rodillas al suelo y restregando polvo sobre su pecho y brazos. Los batoka, por su parte, saludaban a desconocidos tirándose por el suelo y sacudiendo sus nalgas ante la perturbación de Livinsgtone, que estaba muy viajado pero al fin y al cabo era un caballero británico.
Nuestro explorador sabía que en ocasiones había que mantenerse firme, como hemos visto, pero en otras mostrarse afable y conciliador. Sabía regalar y recibir regalos estimando siempre la posición social de quien los daba y el significado que les atribuía. En una ocasión, por ejemplo, rechazó recibir una cabra de regalo puesto que la tribu que se la ofrecía las tenía en escaso valor. Haberla aceptado habría supuesto degradar su estatus a sus ojos y arriesgarse entonces a que se confiaran e intentaran robarle o incluso matarle. En otro caso le pidieron que usara sus conocimientos médicos para curar al jefe de una tribu de las orillas del Zambeze, pero intuyendo que la afección que sufría era demasiado grave y terminal, supo declinar la petición para que luego, presas de la superstición, no lo acusaran de haberlo matado. En otra ocasión, vio como una tribu rechazaba el ofrecimiento de un buey de los que usaban como medio de transporte, puesto que creían que ese animal había sido víctima de la hechicería debido a que le faltaba un trozo de cola. Lo cual le hizo pensar que si cortaba la cola a todos los demás bueyes las siguientes tribus de su itinerario ya no le pedirían más bueyes. Y así fue.
Después de tantos viajes, tras haber sorteado todos los peligros imaginables y sufridos todas las enfermedades posibles, tras haber descubierto las cataratas Victoria y el lago Ngami, tras haber atravesado el desierto del Kalahari y navegado el río Zambeze, finalmente regresó al Reino Unido en 1856. Al año siguiente publica su monumental libro de memorias Viajes y exploraciones en el África del Sur. A continuación realizará varios viajes más como la expedición al río Zambeze, pero tras la muerte de su esposa en 1862 y la de su hijo con apenas 18 años luchando contra los sudistas en la guerra civil norteamericana, ya nada le retenía para intentar esclarecer de una vez por todas el origen del Nilo. En 1865 emprendió su última expedición a África. Como de costumbre resultó accidentada, pero hasta tal punto que al no dar señales de vida muchos le daban ya por muerto en Europa. Tras llegar a la desembocadura del río Rovuma se vio prácticamente solo y sin recursos en el rincón más remoto de África, al llegar a Ujiji gravemente enfermo en 1869 y descubrir que las provisiones que debían haberle llegado fueron saqueadas. Fue allí donde presenció una brutal masacre realizada por traficantes de esclavos que posteriormente denunciaría ante el mundo con indignación. Mientras tanto, un periodista y explorador estadounidense llamado Henry Morton Stanley fue enviado por su periódico a Ujiji para ver si encontraba con vida a Livingstone, cosa que ocurrió el diez de noviembre de 1871 en una escena que fue descrita así por Stanley:
Selim me dijo: «veo al doctor, señor, ¡Oh, qué viejo! ¡Tiene la barba blanca!. (…) Aparté a la multitud y, acercándome desde el fondo, recorrí la avenida delimitada por la gente hasta llegar al semicírculo en que se encontraban los árabes, ante los cuales se hallaba «el hombre blanco de la barba gris». Al avanzar vi que estaba pálido, que parecía agotado, que tenía las grandes patillas y los bigotes grises, que llevaba una gorra azul con una cinta dorada y descolorida alrededor y vestía un chaleco con mangas rojas y un par de pantalones grises de tweed. Me habría arrojado corriendo a sus brazos, pero me acobardaba la presencia de tanta gente… lo habría abrazado, pero no sabía cómo se lo tomaría. De modo que procedí según los dictados de la cobardía y el falso orgullo: me acerqué despacio hasta él, me quité el sombrero y dije: «El doctor Livingstone, supongo». «Sí», dijo él con una amable sonrisa y tocándose la gorra.
Aunque suelen ser descritos como hombres de personalidad y valores muy diferentes, tras este singular encuentro surgió un afinidad casi inmediata y decidieron viajar a la orilla superior del lago Tanganika. Livingstone le entregó una carta para que la publicase su periódico, el New York Herald, en la que denunciaba la matanza que había presenciado y la injusticia de la esclavitud, algo que le preocupaba por encima de todas las cosas:
Si mis revelaciones sobre a terrible esclavitud del pueblo ujiji condujeran a la supresión del tráfico de esclavos en la costa oriental, lo consideraría de mucha mayor importancia, sin comparación, que el descubrimiento de todas las fuentes del Nilo juntas.
Pero volver a Lualaba tal como tenían proyectado requería una cantidad de provisiones de la que carecían, por lo que Stanley se comprometió a volver a Zanzibar solo y desde allí enviárselas. Cumplió su palabra, pero apenas unos días después de haberlas recibido, el uno de mayo de 1873, Livingstone fue encontrado muerto en su choza de Ilala, en lo que actualmente es Zambia. Tras una vida tan ajetreada su salud había entrado en un deterioro irreversible. Sus acompañantes enterraron su corazón bajo un árbol y prepararon su cuerpo para transportarlo en una comitiva de más de 60 hombres hasta Zanzibar, donde lo embarcaron hacia Gran Bretaña. Casi un año después llegó a la abadía de Westminster, donde permanece enterrado desde entonces junto a otras personalidades ilustres del país. Un merecido homenaje para un hombre digno de ser recordado, sin duda, pero servidor tuvo conocimiento por primer vez de la existencia de este aventurero no por él sino por otro bien distinto: el divertidísimo juego —o al menos así lo recuerdo— que le dedicó Ópera Soft: Livingstone supongo.

mapa de los estados alemanes antes de la unificación

                                                       Mapa

Napoleón III

                                                     Biografia
Carlos Luis Napoleón Bonaparte (París, Francia, 20 de abril de 1808Londres, Reino Unido, 9 de enero de 1873), único presidente de la Segunda República Francesa en 1848 y luego el segundo emperador de los franceses en 1852, bajo el nombre de Napoleón III, siendo el último monarca que reinó sobre este país.
Nacido en el seno de la dinastía Bonaparte, fue hijo de Luis Bonaparte, rey de Holanda, y de Hortensia de Beauharnais, hija de la emperatriz Josefina. Sobrino de Napoleón I, se convierte en el heredero legítimo de los derechos dinásticos tras las muertes sucesivas de su hermano mayor y Napoleón II.
Su filosofía política es una mezcla de romanticismo, de liberalismo autoritario y de socialismo utópico, aunque en los últimos años fue insigne defensor del tradicionalismo y de la civilización católica. Quiso significar una reparación frente al anticlericalismo y el ateísmo de la Revolución francesa. Tuvo una política de expansión de la civilización clásica que, en su opinión, Francia representaba, frente al surgimiento de Alemania y Estados Unidos, potencias emergentes de tipo protestante.
Franz Xaver Winterhalter Napoleon III.jpg

Guillermo I

                                                 Biografia
Guillermo I de Alemania y Prusia (en alemán: Wilhelm Friedrich Ludwig; Berlín, 22 de marzo de 17979 de marzo de 1888) fue emperador de Alemania (Káiser), desde el 18 de enero de 1871 hasta su muerte (9 de marzo de 1888), y rey de Prusia, desde el 2 de enero de 1861.
Segundo hijo del rey Federico Guillermo III y de la duquesa Luisa de Mecklemburgo-Strelitz. En 1829 se casó con la princesa Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach y tuvo con ella dos hijos:
Sirvió en el ejército prusiano desde 1814 y se le encomendaron algunas misiones diplomáticas desde 1815.
En 1857, su hermano el rey Federico Guillermo IV sufrió una crisis que le generó problemas de salud mental hasta su muerte. Un año después, Guillermo tuvo que hacerse cargo de la regencia de Prusia.
Al fallecer Federico Guillermo IV sin hijos varones, el 2 de enero de 1861, Guillermo accedió al trono de Prusia con el nombre de Guillermo I.
Antes de la regencia no intervino en política. Ya en el trono se mostró favorable a una política conservadora, designando como canciller a Otto von Bismarck (1862), que fue en la práctica quien llevó las riendas de la política y del proceso de unificación alemana.
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Otto Von Bismarck

                                                  biografia
Político prusiano, artífice de la unidad alemana (Schoenhausen, Magdeburgo, 1815 - Friedrichsruh, 1898). Procedente de una familia noble prusiana, Bismarck vivió una juventud indisciplinada, autodidacta y llena de dudas religiosas y políticas. A partir de su matrimonio cambió radicalmente de vida, iniciando una carrera política marcada por el más severo conservadurismo. Efectivamente, como diputado del Parlamento prusiano desde 1847, destacó como adversario de las ideas liberales que por entonces avanzaban en toda Europa; la experiencia revolucionaria de 1848-51 le radicalizó en sus posturas reaccionarias, convirtiéndole para siempre en paradigma del autoritarismo y del militarismo prusiano.

¿Que fue la zollverein?

                                                      Zollverein
 

El Zollverein, que era una Unión Aduanera impulsada por Prusia, supuso un

libre mercado entre los estados que integraban la Confederación Germánica,

logrando así una mayor unión entre dichos estados. Referente a Otto Von

Bismark, fue el canciller, que junto con Guillermo I, protagonizaron la

unificación alemana. Además, Bismark era el canciller de Prusia, el estado que

protagonizaría la unión de todos los estados.

mapa de italia antes de la unificación

                                                      Mapa
                                                        

Camilo Cavour

                                             Biografia
Hijo del marqués Mixol Benso de Cavour y de Adèle de Sellon, dama de origen suizo. Piamontés aristocrático de ideas liberales, durante su juventud estudió en la Academia Militar, llegando a ser oficial de Ingenieros. Poco apegado a la vida militar, dejó el ejército y se dedicó a viajar al extranjero estudiando el desarrollo económico de los países más industrializados como Francia y Gran Bretaña, documentándose en todas las innovaciones relacionadas con cualquier campo. A los 22 años fue nombrado alcalde de Grinzane, localidad en la que su familia tenía tierras. La localidad cambió de nombre y pasó a llamarse Grinzane Cavour como agradecimiento a Camillo Benso, que fue su alcalde durante 17 años.

Victor Manuer II Biografia

                                                        Biografia
Víctor Manuel II (Vittorio Emanuele Maria Alberto Eugenio Ferdinando Luca Tommaso di Savoia-Carignano) (Turín, 14 de marzo de 1820 - Roma, 9 de enero de 1878) fue el último rey del Reino de Cerdeña y el primer rey de Italia. Hijo primogénito de Carlos Alberto I, rey de Piamonte-Cerdeña y de María Teresa de Habsburgo-Lorena, el maquiavelismo sistemático de éste, sus iniciativas intrépidas, lo desconciertan a veces, pero lo mantienen leal. Comprendiendo que su reino es demasiado débil para enfrentarse de nuevo con Austria, se alía con Napoleón III, aunque el precio de esta alianza sea la entrega de Niza y de Saboya. Las victorias de Magenta y de Solferino les devuelven esperanza a los patriotas italianos. El tratado de Villafranca firmado precipitadamente por Napoleón III y Francisco José de Austria los decepciona.
Víctor Manuel nació en Turín. Durante el reinado de su padre, Carlos Alberto, los reinos de Cerdeña y Piamonte fueron unidos. Carlos Alberto fue a la guerra en 1848 contra el Imperio austríaco (que gobernó la mayor parte de Italia del norte), pero fue derrotado en la Batalla de Novara al año siguiente. Carlos Alberto abdicó y su hijo Víctor Manuel se hizo rey de Piamonte-Cerdeña el 24 de marzo de 1849.
Bajo su mandato, y debido a las habilidades de su ministro, el Conde de Cavour, el Reino del Piamonte creció hasta incluir toda Italia (18601870), por el proceso de Unificación italiana. Víctor Manuel II se llamó Víctor Manuel II de Italia. Algunos de sus objetivos eran la industrialización; efectuar una reforma económica con un nuevo sistema fiscal y mejorar las relaciones exteriores, usando la diplomacia para hacer aliados. Víctor Manuel II fue excomulgado por la Iglesia Católica Romana después de que el ejército italiano atacara Roma en 1870 y el Papa Pío IX tuviese que retirarse al Vaticano.
En un esfuerzo por mantener la continuidad dinástica, Víctor Manuel conservó el número "II" ordinal bajo el cual había tenido éxito como rey de Saboya, aunque él hubiera sido el primer rey de Italia. Esta decisión demostró impopularidad con los recientemente unificados italianos del sur.
                                                                                                                                 

Garibaldi biografia

                                                  Biografia


Giuseppe Garibaldi nació en Niza, ciudad situada en la costa del Mar Mediterráneo, actualmente, en territorio francés cerca de la frontera italiana. Sin embargo, puede considerarse que era italiano, dado que en esa fecha la ciudad de Niza pertenecía al Reino de Piamonte (posteriormente incorporado al Estado italiano con la unificación) habiendo sido Niza cedida a Francia en 1860, a consecuencia de la guerra con Austria. Se hizo notorio históricamente, a causa de su participación en las actividades político-militares, vinculadas al proceso que finalmente produjo la unificación política de Italia, durante el segundo y tercer cuartos del siglo XIX.
En 1827, con 20 años, formó parte de la tripulación del Cortese, un barco que partió de Niza y viajó por el Mar Negro, Estambul y Galacia, siendo testigo de la guerra turco-rusa. En 1832 y teniendo solo 25 años, es nombrado capitán del barco Clorinda, con el que viajó de nuevo por el Mar Negro. La mala suerte quiso que este barco fuera secuestrado por unos piratas turcos. Se dice que Giuseppe Garibaldi estuvo a punto de ser fusilado, pero sólo fue herido en la mano. Con la ayuda del resto de tripulantes y su primo, consiguió zafarse de los piratas y escapar. Después de más de 6 años ausente (exactamente 73 meses), Giuseppe volvió a su ciudad natal. Pero en 1833 volvió a Estambul en un barco capitaneado por Emile Barrault. Y justamente, en esta época se dio a conocer por sus discursos sobre la libertad.
Un año más tarde, pasó a formar parte del movimiento de la Joven Italia de Mazzini, entregando su vida a la patria y ganando los galones de capitán en la Marina del Piamonte. Lo apodaron Cleómbroto, como si se tratara del mítico héroe espartano y estuvo involucrado en la insurrección del Piamonte. Lo que le costó una condena a muerte, después de su captura y tras ser considerado uno de los cabecillas de la revuelta.
Viéndose obligado a huir, escapó a Niza, pasó por la casa de su amigo Giuseppe Pares en Marsella, donde se embarcó hacia el Mar Negro y en 1835 estuvo en Túnez. Volviendo a Marsella, partió hacia Sudamérica en el bergantín Nautonnier, haciéndose pasar por un tal Borrel (en referencia al mártir revolucionario Joseph Borrel), siendo seguido por otros camaradas de la Joven Italia como el capitán Juan Lamberti. Una vez llegado a su nuevo destino se afincó en Rio Grande do Sul.